La Guerra de Cuarta Generación: Concepto e Implicaciones

Faris Odeh, joven palestino, intentando lanzar una piedra a un tanque israelí Merkava. Aunque no es plenamente representativa de la guerra de cuarta generación, esta imagen ha sido un icono de esta modalidad de guerra, al punto que autores como Thomas X. Hammes la colocan en la portada de sus libros.

Una de las expresiones más recientes que se han tocado tanto en el ámbito militar como en el de las relaciones internacionales es la de la guerra de cuarta generación, una expresión que ha sido explotada mucho en la política e incluso en los medios de comunicación, siendo al mismo tiempo una expresión muy poco comprendida por la mayor parte de las personas que hablan del tema.

Para definir lo que es el concepto de “guerra de cuarta generación”, abreviada también “guerra 4G” por la denominación en el idioma inglés fourth gerenation warfare, cuya sigla es 4GW, es necesario tomar en cuenta sus distintos elementos constitutivos, de los cuales la presencia de grupos subversivos hacia el orden interno de un Estado es uno de ellos. La definición de esta forma de guerra implica, además de la presencia de los grupos subversivos, el apoyo que estos grupos obtienen de las nuevas tecnologías características del mundo globalizado, que unido a técnicas y estrategias de combate también nuevas, pueden causar daños a la integridad física del Estado, atacando a su soberanía territorial y a su población, y perjudicando a la seguridad nacional de éste.

La dispersión territorial y jurisdiccional conforma otro elemento constitutivo de la “guerra de cuarta generación”, además de su institucionalidad anómala, es decir, la distorsionada forma institucional que adquiere esta modalidad de guerra. Partiendo de estos elementos, es posible definir a la guerra de cuarta generación como el conflicto armado donde interactúan grupos subversivos, nacionales o extranjeros, cuyo poderío y ataque obtiene apoyo de los medios, técnicas y estrategias de combate, propios del actual mundo globalizado, cuya extensión territorial y jurisdiccional es variable y dispersa, y cuya institucionalidad es anómala y distorsionada, contra un Estado o un grupo de Estados, con el fin de causarles daños físicos a su integridad territorial y a su población y soberanía.

Ya habiendo definido lo que se constituye como “guerra de cuarta generación”, ahora es posible enmarcar sus características identificativas. En primer lugar, se hizo mención numerosas veces de que su principal elemento era la presencia de grupos subversivos que combatían contra los Estados, entendiendo esto como la ruptura del monopolio de la violencia. La concepción estatocentrista de la guerra cambia cuando la presencia de estos grupos armados toman las veces de enemigos del Estado, a paridad de condiciones que los actores estatales, dentro del sistema mundial. A pesar de constituir meros grupos de personas armadas, el daño que pueden infligirle a los Estados es similar al de un ataque perpetrado por otro Estado o grupo de Estados, incluso pudiendo dicho ataque desestabilizar el orden interno, la seguridad y otros aspectos de la vida de la sociedad que ocupa el territorio de los Estados bajo ataque, en estado de guerra o en estado de paz.

Un grupo de insurrectos en Libia, uno de los países que ha experimentado una rebelión interna recientemente, desafiando a la autoridad de las fuerzas armadas libias.

En segundo lugar, las guerras de cuarta generación se caracterizan por tener estos grupos subversivos el apoyo en los medios, técnicas y estrategias de combate que son utilizados también por los Estados, apoyo material que ha crecido al ritmo del crecimiento de los efectos y los productos de las tecnologías, instituciones e ideas propias de la globalización. Esto no solo implica el uso de medios, técnicas y estrategias militares para producir un daño contundente a los Estados, prácticamente cualquier medio, cualquier recurso viene siendo utilizado por los grupos subversivos para adquirir poder de ataque, o también poder disuasivo, que les permita realizar actos que trastornen el orden interno de los Estados. Las guerrillas en Colombia, en África Central, Asia y Medio Oriente utilizan medios militares obtenidos mediante alianzas con Estados o con otros grupos para desestabilizar el orden interno y obtener el poder en cierto momento, o para proteger regímenes recién constituidos a raíz de esta forma de desestabilización interna.

Pero en otros casos, como por ejemplo los ataques terroristas en Israel, Europa y los Estados Unidos, los terroristas optan por usar medios civiles para propinar un ataque, como en el caso conocido mundialmente como el 11-S, donde miembros de la red islámica al-Qaeda utilizaron aviones comerciales para atacar a las torres del World Trade Center en Nueva York, además de otros supuestos blancos en Washington, o como en el caso de las operaciones de sabotaje electrónico, que han sido intentos para desestabilizar las comunicaciones, las finanzas, la vida social en conjunto; incluso varios grupos subversivos usan los medios de comunicación masivos, como la televisión e internet, sea para desacreditar al sistema político que ha sido constituido como su objetivo a atacar, sea para ganar adeptos a sus filas y así obtener más recursos para seguir perpetrando los ataques.

Otros grupos subversivos, como la piratería somalí, optan por camuflar sus armas en vehículos civiles, como por ejemplo lo hacen los grupos Hamas, Hezbollah y al-Fatah, quienes lanzan ataques a cierta distancia detrás de las fronteras israelíes; los grupos subversivos apostados en Chechenia y Georgia incluso utilizan tanques rusos para atacar a dicho país. La posibilidad de esconder armas muy letales es muy grande.

En tercer lugar, la extensión territorial y jurisdiccional de los enfrentamientos entre Estados y grupos subversivos es variable y dispersa. Es variable porque dichos grupos no poseen, como en cambio si lo tienen los ejércitos estatales formalmente institucionalizados, bases militares fijas en la mayoría de los casos, sino que cambian de territorio y jurisdicción a conveniencia de su propia seguridad y de su eficaz funcionamiento, y no solo pueden cambiarla, sino que pueden extenderse territorialmente en un espacio de acción muy pequeño, o pueden adquirir rangos de acción global, como por ejemplo sucede con la red al-Qaeda el cual, a pesar de haber sido expulsada de Irak y contenida en Afganistán, todavía mantiene células en el resto del mundo.

Y es dispersa porque no tienen un lugar especifico donde puedan ser atacados con eficacia, como en cambio ocurriría con los ejércitos nacionales, sino que sus núcleos de mando, sus cuarteles generales, o están diseminados en un área geográfica extensa, aun cuando su extensión territorial y su rango de acción sea reducido, o son muy numerosos como para poder ser erradicados, o simplemente se establecen en puntos geográficos inaccesibles a la intervención armada estatal.

Mapamundi de los ataques propinados por la red al-Qaeda.

En cuarto lugar, las guerras de cuarta generación se caracterizan por su institucionalidad anómala, es decir, por su desequilibrio institucional entre las fuerzas militares estatales, que son formalmente establecidas mediante el Derecho escrito o la costumbre, y los grupos subversivos que carecen de dicha formalidad constitutiva. Esto hace que la misma guerra de cuarta generación adquiera esta característica, ya que la institucionalidad de la misma como concepto jurídico, o antijurídico, no es formalizada ni menos vista como una forma de guerra que haya sido tratado en una legislación nacional o internacional, sino solo contemplada en algunas legislaciones, a efectos de penalización individualizada, como un delito, como un hecho punible imputable a quienes incurran en su ejecución.

El dilema de cómo debe tratarse jurídicamente a la guerra entre grupos subversivos y Estados se ha incrementado en los últimos años con los ataques de grupos subversivos provenientes de un país a la integridad física de otro, incluso si se encuentra en un continente distante, lo que amplia aun más la brecha en esta anomalía institucional. En quinto lugar, la guerra de cuarta generación presenta, gracias a las características ya mencionadas, una durabilidad en el tiempo variable, en el sentido de que puede hallar fin la misma, o puede constituirse como una guerra interminable. Un ejemplo de este tipo de guerra, con respecto a su durabilidad, se puede apreciar en la guerra de Estados Unidos contra al-Qaeda en Irak, cuyos miembros fueron acabados, capturados o expulsados del territorio de aquel país, constituyéndose este caso como una guerra finita, o en el caso contrario, constituido por los ejemplos de la guerrilla colombiana, las luchas tribales en África Central y los grupos islámicos que atacan al Estado israelí.

En sexto lugar, la guerra entre grupos y Estados tiene una finalidad variable, vista desde el punto de vista de los grupos subversivos: siglos atrás, un grupo subversivo empleaba su fuerza para derrocar un gobierno existente y establecerse entonces como la nueva regencia, lo que constituiría la concepción maquiavélica de la guerra como forma de adquirir poder político; pero en la actualidad, se han constituido grupos subversivos cuya finalidad ha sido la de mera desestabilización del sistema político y económico de los Estados, una táctica que conlleva a desgastar al actor estatal, a veces para derrocar el gobierno, otras veces para hacerle perder credibilidad ante la Comunidad Internacional, e inclusive para distraer su atención en miras de permitir que otro actor más grande, estatal o grupal, pueda tomar acciones bélicas contra el país atacado.

Finalmente, esta forma de guerra se caracteriza por ser una forma de guerra oculta, en el sentido de que el estallido de la misma no viene convocada formalmente mediante una declaración de guerra o un ultimátum, como ocurriría en teoría con los conflictos bélicos entre Estados, sino que estalla de manera espontanea a raíz de roces de diversos tipos, políticos, económicos, étnicos, jurídicos, entre otros, y que vienen a veces declarados mediante una amenaza cuya constitución teórica se plantea no en el logro de un objetivo a descuido del acto dañino, sino en la ejecución del propio castigo.

Las fuerzas militares, así mismo, deben actuar con sigilo, lo que les impide atacar a estos grupos con todas sus fuerzas de manera eficaz. Estas premisas, juntas, denotan además una característica muy peculiar de esta modalidad de guerra moderna, y es el hecho de que los actores de esta clase de conflicto, el Estado y el grupo subversivo, combaten entre sí en condiciones de institucionalidad que no sólo son anómalas, sino que incluso son prácticamente ausentes, además de que se presentan diversas condiciones que son gravemente desfavorables para el Estado, lo cual le obliga a perseguir a los grupos subversivos, no para lograr una negociación con ellos, sino simplemente para aniquilarlos. De aquí, se comprende que la guerra de cuarta generación es una forma de guerra total ya que, como ésta última, la fuerza del adversario “debe ser destruida, es decir reducida a tales condiciones que no pueda continuar más la lucha” (Clausewitz, 1832 [1970]), lo cual explica en buena parte las implicaciones de esta forma de guerra.

 

 

 

Fundamentos de la guerra de cuarta generación:

 

Las características planteadas en el punto anterior pueden ayudar a ubicar los fundamentos de la guerra de cuarta generación en la concepción neorrealista de la anarquía como principio organizador del sistema internacional. Es justamente la anarquía lo que constituye el caldo de cultivo para la formación de grupos subversivos que busquen atacar la integridad física de los actores estatales, además de constituir el punto de partida, visto desde el punto de vista constructivista, para la adopción de una acción social que inicie la identificación de los Estados como “enemigos” de algunos sectores de la sociedad que, junto con la práctica estable y sostenida del comportamiento hostil hacia los actores estatales, llegan a construir una conducta basada en intereses de conflicto, haciendo que se produzcan las condiciones para constituir grupos subversivos que ataquen al Estado.

En esta visión constructivista, las percepciones que tengan los grupos subversivos de los Estados, y viceversa, son las que conllevan a que estos actores entren en conflicto, y esta situación de pugna no termina hasta que uno de los dos haya logrado cumplir con sus objetivos y satisfecho sus propios intereses. Otro fundamento que es posible encontrar a la causa de la guerra de cuarta generación radica en la ausencia de una regulación institucionalizada internacionalmente, en el caso de que el ataque venga efectuado por grupos subversivos extranjeros en el territorio del Estado afectado. Ya en el caso de ser estos grupos conformados por personas cuya ciudadanía sea la misma del Estado al que atacan, existen penalizaciones establecidas en el ordenamiento jurídico penal de dicho Estado, que de manera coactiva vendrían aplicadas hacia los autores y cómplices de los delitos que la ley penal pueda establecer, como la traición a la patria, la sedición y otros actos tipificados como delitos y cuya ejecución sea atribuida a estos grupos.

 

 

 

Implicaciones de la guerra de cuarta generación:

 

Considerando el tipo de guerra que constituye la lucha entre Estado y grupos subversivos, cuyo desarrollo proviene del uso organizado y a la vez dañino de medios a veces poco ortodoxos en el campo de batalla, abarcando este un campo abierto o un centro urbano, las tácticas de un sistema de defensa de una nación podrían no ser eficaces contra los ataques de los grupos subversivos, a menos que dichas tácticas operen de manera similar y opuesta al de estos grupos armados; similar en cuanto al modus operandi se refiere, y opuesta en el sentido de dar fuerza contundente contra los grupos armados. Pero la “práctica contrasubversiva” no es tan aplicable en algunos Estados como podría serlo en otros, ya que sus regímenes de defensa varían según el tipo de equipamiento y entrenamiento que reciben sus fuerzas armadas y según las costumbres y usos civiles de los ciudadanos al encontrarse en estado de paz o en estado de guerra.

Por su parte, en el ámbito de las relaciones internacionales, una lucha entre un grupo subversivo y un Estado puede traer dos clases de consecuencias. La primera es la extensión de una lucha nacional al territorio y la población de un tercer Estado o terceros Estados, como ocurre en Colombia, conflicto que ha involucrado un campo de batalla extensivo hacia varios sectores fronterizos de Venezuela y Ecuador, viéndose afectados los ciudadanos de estos países por las actividades de los grupos guerrilleros. La segunda clase de consecuencia deriva del foco de origen de los ataques realizados por los grupos subversivos, cuando se tratan de ataques propinados a un Estado por parte de grupos subversivos extranjeros, como ocurrió con al-Qaeda el 11 de Septiembre de 2001, al atacar las torres del World Trade Center, o como los grupos Hamas, al-Fatah y Hezbollah que atacan a blancos en Israel desde posicionamientos móviles en Cisjordania, Gaza, Líbano y Siria.

Con respecto a esto, Francis Fukuyama (2004) hace mención en su libro La Construcción del Estado lo siguiente:

 

La soberanía y el Estado-nación, piedras angulares del sistema de Westfalia, han sido erosionados de hecho y atacados por principio porque, con frecuencia, lo que acontece dentro de los Estados – es decir, en su gobernanza interna – influye en gran medida a otros miembros del sistema internacional (pág. 139).

 

Con esto, Fukuyama se introduce en la problemática de que los Estados de gobernanza interna débil suelen acobijar a grupos subversivos, bien por voluntad de su propio gabinete gubernamental, o bien por mera casualidad de hechos, o bien por el ejercicio de poder armado por parte de estos grupos. Y con esto introduce un cuestionamiento sobre qué entidad debe asumir la legitimidad internacional o sobre si existiera, en el caso de tener un Estado que defenderse de un grupo subversivo extranjero establecido en otro país o en otro continente, “una contradicción implícita en el ataque a la soberanía” (Fukuyama, 2004), cuestionamiento que toma origen de las acciones de Estados Unidos sobre Afganistán para capturar a al-Qaeda.

Dichos ataques debían ser repelidos, pero “los métodos tradicionales de disuasión o contención no funcionarían contra este tipo de actor no estatal” (Fukuyama, 2004), por lo que Estados Unidos debió buscar una manera de implantar una respuesta a los ataques de al-Qaeda, y la única forma que encontró efectiva para este tipo de actor internacional era la de adoptar “una doctrina de anticipación o, para ser exactos, de guerra preventiva” (Fukuyama, 2004) que le permitiera a Estados Unidos “introducirse dentro de los Estados y cambiar su régimen para evitar así el surgimiento de futuras amenazas” (Fukuyama, 2004) por parte de grupos subversivos refugiados en Estados de gobernanza débil o inexistente.

Esta nueva doctrina constituye la política exterior de los Estados Unidos desde el ataque del 11 de Septiembre de 2001, cuya lógica desemboca “en una situación en la que, o bien asume la responsabilidad de la gobernanza en los Estados débiles, o bien deja el problema en manos de la comunidad internacional” (Fukuyama, 2004), y cuyo fundamento se sostiene en base a “los intereses de seguridad […] [y al] problema del Estado fracasado, que previamente se había contemplado, en gran parte, como una cuestión humanitaria y de derechos humanos” (Fukuyama, 2004).

La política exterior de guerra preventiva se está convirtiendo en una conducta repetitiva que condiciona a los Estados en sus relaciones interestatales a lo largo del tiempo, constituyendo así un conjunto de identidades e intereses de carácter conflictivo entre estos actores del sistema mundial, frente al combate de estos contra los grupos subversivos en las guerras de cuarta generación. Esta implantación de política exterior agresiva implicaría también, si el fin de la misma es cambiar el régimen del Estado de gobernanza débil que protege a grupos subversivos, la adopción de nuevas doctrinas y estrategias militares que trabajen de manera efectiva en función de un cambio estable de régimen y de la aceptación del cambio por parte de la población del Estado débil.

En casos de subversión interna como ocurre con Colombia, no sería necesario adoptar este tipo de política exterior, pero se siente la necesidad en todo caso de adoptar estrategias encaminadas a la estabilización del estado de paz interno y externo y, al mismo tiempo, encaminadas a lograr una aceptación de estas estrategias por parte de la población, y su eventual participación, para lograr desmembrar de manera definitiva a los grupos armados.

Pero en casos como el de Irak, donde al-Qaeda se oponía no solo a las fuerzas armadas norteamericanas, sino también a los grupos rebeldes de las tribus iraquíes e incluso a la policía y el Ejército regular iraquíes, la mejor forma de vencer al grupo subversivo que constituía la amenaza del orden interno de Irak era realizar ataques conjuntos, uniendo fuerzas y poder armado directamente contra al-Qaeda, para así desmembrar al grupo terrorista o expulsarlo del territorio iraquí. El caso del general David Petraeus es la materialización de este tipo de estrategia. En un artículo escrito en la revista Petróleo YV, Carmine Pinto (2008) expresa obre el tema lo siguiente:

 

 

En su libro [de Daniele Raineri, “El Caso Petraeus. El General que ha expulsado Al Qaeda de Irak”, Roma, 2008] se perfilan las cuatro principales líneas de conducta de la renovada política de Petraeus: conquistar a la población, retomar el control del territorio, ganar la guerra junto con los iraquíes y vencer a los adversarios en el plano mediático (pág. 35).

 

 

Mediante esta doctrina militar, el general Petraeus no solo logró derrotar a la subversión de al-Qaeda en Irak, sino que también facilitó el logro del fin primordial por el cual Estados Unidos había invadido a dicho Estado a través de la guerra preventiva: cambiar el régimen de Saddam Hussein por un régimen que mantenga la seguridad y el orden, no solo internamente, sino también a nivel regional, continental y global. La conducta conflictiva de los iraquíes hacia las fuerzas norteamericanas había mutado, de esa manera, en una conducta de cooperación que facilitaría el ejercicio de las relaciones interestatales entre los Estados Unidos e Irak, conducta que pudiera ser posible de transferir al resto del sistema internacional.

Al relacionar estas implicaciones con la ultima característica de esta forma de guerra mencionada anteriormente, concerniente a su marco de guerra total, es posible observar aquí una forma de guerra que tiende a ser bastante inestable en la medida que un Estado persigue grupos subversivos que le agredan eventualmente, más cuando se tratan de grupos armados que atacan desde otros países como el caso de al-Qaeda; por tanto, más que atacar el orden interno de un Estado, esta forma de guerra atenta contra la estabilidad del mundo.

 

 

 

Observaciones finales:

 

Aunque esto debió haberse dicho al principio, de igual manera no se puede omitir que la expresión guerra de cuarta generación surge por primera vez de la obra de William S. Lind, escrita junto con otros autores y publicada en la revista Marine Corps Gazette de octubre de 1989. Su artículo, titulado The Changing Face of War: Into the Fourth Generation (La Cara Cambiante de la Guerra: Hacia la Cuarta Generación), hace mención por primera vez y de manera explícita, sobre las características de esta forma de guerra, las cuales se engloban en (a) la inclusión total de la sociedad del enemigo, (b) la decreciente dependencia de la logística centralizada, (c) el énfasis en la maniobrabilidad, (d) el objetivo de “colapsar al enemigo internamente más que destruirlo físicamente” (Lind, 1989). Nótese, sin embargo, que la última característica descrita por William Lind no concuerda en lo absoluto con la característica de que la 4GW es una forma de guerra total, debiéndose esto a que Lind solo expone a la 4GW bajo la perspectiva de los grupos subversivos.

Otro autor reconocido por sus estudios sobre la 4GW es Thomas X. Hammes, quien escribió el famoso libro The Sling and the Stone: On war in the 21st Century (La Honda y La Piedra: Sobre la guerra en el Siglo XXI), escrito en 2006. Allí expone su perspectiva sobre las características de esta modalidad de guerra, ilustrándolas a través de tres niveles: estratégico, operativo y táctico; para no ahondar demasiado, se puede decir que los tres pilares muestran una forma de guerra que se desarrolla, a nivel táctico, “en el complejo ambiente del conflicto de baja intensidad” (Hammes, 2006), que involucra al mismo tiempo actores y medios de distinta naturaleza y alcance (regional, nacional, transnacional e/o internacional), mientras que, a nivel operativo, existe una variedad de métodos de ataque tan amplio que se vuelve difícil detectar la actividad enemiga, que a nivel estratégico busca, a través de distintas redes, “doblegar la voluntad del liderazgo enemigo” (Hammes, 2006).

Ahora bien, dos elementos que tanto Lind como Hammes tienen en común, al hablar de guerra de cuarta generación, son la presencia de los grupos subversivos, los cuales dan pie a la ruptura del monopolio de la violencia, y la utilización de los ya mencionados medios propios de la globalización. Esta última observación es necesaria, dado que muchas personas que hablan de guerra de cuarta generación generalmente tienden a omitir uno de estos elementos, o inclusive ambos, distorsionando así el concepto de esta modalidad de guerra.

Satélite en órbita sobre la Tierra. Aparatos como éste son utilizados en diversos ámbitos de la vida, tanto a nivel civil como a nivel militar.

Por ejemplo, en Venezuela existe un ensayo escrito en 2008 por Eva Golinger, cuyo título es Cronología de la Guerra de Cuarta Generación de Estados Unidos contra Venezuela, el cual, mencionando esto a manera correctiva mas no descalificadora, menciona los roces entre ambos países, pero en ningún momento describe alguna acción de parte de algún grupo subversivo, alojado en alguno de estos dos Estados o agrediéndolos; en principio el título del ensayo es erróneo dado que un conflicto de cualquier naturaleza, mientras sea exclusivamente entre Estados, deja de ser una guerra de cuarta generación, y en su contenido, al final, apenas menciona la eliminación de las FARC como supuesto objetivo de Estados Unidos, y ya mencionar el ensayo ese detalle lo deja fuera de contexto. Una guerra de cuarta generación, para ser tal, debe presentar ruptura del monopolio de la violencia, al agredir uno o varios grupos subversivos a uno o más Estados.

Microprocesador AMD, usado en computadores personales. Los microprocesadores como éste pueden ser utilizados en otros aparatos para mejorar sus prestaciones técnicas, y hoy día es una de las tecnologías de la era digital más usadas.

Más complejo aún es el problema que surge cuando se estudia a la guerra de cuarta generación y al mismo tiempo se omite (o peor aún, se malinterpreta) la presencia de los medios propios de la globalización. Cuando se habla de estos medios en un estudio de la 4GW, no se habla de los medios de comunicación masivos, como generalmente ocurre con muchos autores que hablan al respecto; es más, nada más para rellenar inmediatamente ese vacío, se debe mencionar que el uso de medios de comunicación en la guerra (lógicamente no los mass media que observamos actualmente, sino otros medios como las cartas, las señales y los agentes secretos) ya vienen contemplados en textos como los famosos Arte de la Guerra (tanto el texto de Sun Tsu como el de Niccolò Macchiavelli), El Libro de los Cinco Anillos de Miyamoto Musashi e incluso en De la Guerra de Karl von Clausewitz, siendo las comunicaciones muy útiles tanto para establecer enlaces estratégicos entre las fuerzas propias, como para engañar al enemigo a través de estratagemas de cualquier tipo.

Bombardero supersónico B-2, con capacidad furtiva que le permite evadir las señales del radar enemigo, siendo éste uno de los iconos de la guerra contemporánea.

Ahora bien, ¿cuál es el meollo del asunto de los medios propios de la globalización? La respuesta se encuentra en tomar en cuenta al término medios como sinónimo de recursos, provisiones o instrumentos, haciendo alusión a la expresión medios propios de la globalización para denominar así a otra realidad del mundo contemporáneo: la tecnología digital. Cuando ya se entiende esto, es posible “descubrir” una dimensión distinta a la descrita anteriormente, ya que la tecnología digital se ha abierto paso por casi todos los aspectos de la vida, incluyendo las comunicaciones, pero más en este caso, la tecnología militar de logística y armamentos.

Entrenamiento de tropas de la Infantería de Marina norteamericana en medidas de contrainsurgencia. Tal como afirma Thomas X. Hammes, el uso de la fuerza convencional no es suficiente para combatir en un contexto de guerra de cuarta generación, por lo que las fuerzas armadas estatales deben convertirse en una organización flexible que permita a cada soldado adoptar cierto grado de iniciativa para combatir grupos subversivos en un espacio y tiempo determinados.

Entre Lind y Hammes existe una tendencia a tocar el tema de la tecnología armamentística que se observa actualmente, pero entre ambos autores existen algunas diferencias en la manera de enfocarse frente a esta realidad. En el caso de Lind, se tiende a tocar el tema de la tecnología de punta como un aspecto que no necesariamente representa una característica vital de la guerra de cuarta generación, ya que “si combinamos las características generales de la guerra de cuarta generación con la nueva tecnología, veremos un posible esquema de la nueva generación” (Lind, 1989), colocando a la nueva tecnología como una posibilidad, no como un principio, de esta forma de guerra. Mientras, Hammes hace mención sobre la tecnología digital como algo que se separa de la tecnología utilizada en un esquema 4GW, ya que la misma no permite adquirir ventajas tácticas, operativas y/o estratégicas a algún Estado, gracias a dos problemas considerables: la organización desactualizada de sus fuerzas armadas y las amenazas cambiantes (Hammes, 2006).

Aquí se hace evidente, solo observando a estos dos autores, que la guerra de cuarta generación es un concepto que se observa desde una sola perspectiva (Lind desde aquella del desarrollo estatal, Hammes desde aquella de los grupos subversivos), siendo ambos aspectos tratados por ellos no sólo validos, sino incluso necesarios, para poder caracterizar a esta peculiar forma de guerra moderna que ahora todos pueden observar en periódicos y noticieros televisados. Y he aquí la cuestión que ha de tomarse en cuenta cuando se estudia este tema, ya que el mundo ahora se expone dentro de una complejidad que involucra a toda la humanidad. Tal como enuncia otro libro sobre guerra, sobrevivir hoy “requerirá de todos nosotros, tanto civiles como soldados, un entendimiento profundo del vinculo nuevo y revolucionario entre el saber, la riqueza y la guerra” (Toffler y Toffler, 1994).

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Autor:Miguel Angel

Nacido en San Cristóbal, Edo. Táchira, el 15 de marzo de 1985, Miguel Ángel Márquez Andrade es Licenciado en Estudios Internacionales, egresado de la Universidad Central de Venezuela en julio de 2011. Se desempeñó anteriormente como Asistente en la Comisión de Investigación de la Escuela de Estudios Internacionales, desde junio de 2009 hasta abril de 2011, además de participar en el Internship Program dentro del Instituto Italiano de Cultura de Caracas en 2010. Actualmente se desempeña como Analista de Relaciones Internacionales, en la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos y Proyectos Especiales, adscrita al Despacho del Gobernador del Táchira, además de ser Miembro Asociado e Investigador del Consejo Venezolano de Relaciones Internacionales (COVRI). Sus líneas de investigación comprenden, por una parte, la Seguridad y Defensa, tratando especialmente sobre los temas de Guerra de Cuarta Generación (Fourth Generation Warfare, 4GW) y Pensamiento de la Filosofía Bélica Contemporánea, éste último avocado en la comparación de dos modelos de pensamiento bélico observados en el mundo contemporáneo, el de la guerra asimétrica y el de la guerra sin restricciones, adoptadas por los pequeños Estados y las Grandes Potencias, respectivamente. Por otra parte, sus líneas de investigación se dirigen hacia la observación de fenómenos que abarcan distintos aspectos de la cotidianidad contemporánea: Globalización, Postmodernidad, Sociedad en Red, Transculturización/Inculturización, Diplomacia Cultural, Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TICs), Procesos de Integración Regional y Cuestiones Fronterizas, las cuales complementa con la investigación de fenómenos y coyunturas históricas estudiadas en las Relaciones Internacionales como Ciencia Social.